
Hoy, 18 de mayo, celebramos a San Félix de Cantalicio, el primer santo de la orden de los Hermanos Menores Capuchinos. Si piensas que los santos eran personas aburridas o encerradas en un monasterio, la vida de Félix te va a romper los esquemas. Fue un joven del campo que revolucionó las calles de la Roma del siglo XVI con una sonrisa y una palabra que repetía sin parar: «¡Deo gratias!».
Como estudiante, su figura me hace reflexionar mucho. Vivimos en una cultura de la queja constante (por los exámenes, el transporte, el clima…). Félix nos enseña la revolución de la gratitud: ver el lado bueno de las cosas y dar las gracias a Dios tanto en las alegrías como en los contratiempos.
El pastor que escuchaba biografías de santos
Félix nació en Italia en una familia de campesinos muy humildes. De joven trabajó como pastor y arador. Como no sabía leer, aprovechaba las noches para que sus amigos le leyeran las vidas de los santos del desierto y de los primeros mártires. Esa «lectura auditiva» encendió en él el deseo de entregarse por completo a Dios, ingresando más tarde como hermano lego en los capuchinos.
El «hermano Deo Gratias» y su amistad con San Felipe Neri
Durante casi 40 años, el oficio de San Félix de Cantalicio fue pedir limosna por las calles de Roma para su convento. Iba siempre descalzo, con un saco al hombro y una alegría contagiosa. Cada vez que alguien le daba una moneda, un trozo de pan o incluso cuando le insultaban, él respondía con un sonoro y alegre: «¡Deo gratias!» (¡Gracias a Dios!). Los niños de Roma le querían tanto que, en cuanto lo veían aparecer, corrían tras él gritando su famosa frase.
En esas mismas calles forjó una amistad preciosa con otro gigante de la alegría: San Felipe Neri. Se dice que cuando se cruzaban, se desafiaban a ver quién era más humilde, dejándonos una lección de que la santidad también se vive con sentido del humor.
Tres curiosidades que te sorprenderán de San Félix
- Consejero de Papas y Cardenales: Aunque era analfabeto, su sentido común y su unión con Dios eran tan grandes que personajes de la talla de San Carlos Borromeo o el propio Papa Sixto V le pedían consejo para tomar decisiones importantes.
- El «santo nocturno»: Pasaba el día entero caminando y ayudando a los pobres, por lo que apenas le quedaba tiempo para rezar. ¿Su solución? Pasar la mayor parte de la noche despierto en la capilla, durmiendo apenas dos o tres horas. Un auténtico «estudiante en época de finales».
- El Niño Jesús en sus brazos: En la iconografía religiosa se le suele pintar con el Niño Jesús en brazos. Esto se debe a que varios testigos afirmaron haberle visto mística y visualmente sosteniendo al Niño en sus momentos de oración más profunda.
«Si tienes a Dios en el corazón, todo lugar es un desierto y toda ocupación es oración.»
No conocía la historia de San Félix. Que santo tan humilde.
Gracias por darlo a conocer.