San Josemaría Escrivá: El Santo de lo Cotidiano y el Valor del Estudio

Retrato de San Josemaría Escrivá sonriendo, santo de lo cotidiano y fundador del Opus Dei

A veces, mientras subrayo apuntes de Derecho Civil o intento descifrar la estructura de una norma, levanto la vista y me pregunto: ¿Qué sentido tiene todo este esfuerzo técnico para mi vida espiritual? En ese silencio de la biblioteca, la figura de San Josemaría Escrivá de Balaguer emerge no solo como un santo , sino como un compañero de fatigas. Jurista de formación y sacerdote por vocación, San Josemaría revolucionó la Iglesia al recordar una verdad que a veces olvidamos: los pasillos de una universidad o una oficina son lugares tan aptos para encontrarse con Dios como las naves de una catedral.

Una vida entregada al «Opus Dei»

Nacido en Barbastro en 1902, su vida estuvo profundamente marcada por una comprensión profunda de ser hijo de Dios. El 2 de octubre de 1928, Dios le hizo ver lo que sería el Opus Dei: un camino de santificación a través del trabajo profesional y de los deberes ordinarios del cristiano.

Para nosotros, los que pasamos horas frente a los libros, Josemaría no es un extraño. Él sabía lo que era el valor académico y la responsabilidad del ciudadano en la vida pública. Su mensaje es directo: no hace falta ser monje para ser santo; hace falta ser un profesional excelente que hace su trabajo por amor. Me fascina pensar en esto mientras estudio.


«Camino» y la arquitectura de la vida interior

Camino San Josemaría

Si hay una obra que define la comunicación espiritual de San Josemaría, es «Camino»(Léela gratis aquí). Publicado por primera vez en 1934 (originalmente bajo el título «Consideraciones espirituales»), este libro no es un tratado teológico denso, sino un conjunto de 999 puntos de meditación que golpean la conciencia con la precisión de un bisturí.

En sus páginas, el estudio aparece como una forma de oración. El punto 335 es, para mí, el mantra de cualquier estudiante con fe:

«Una hora de estudio, para un apóstol moderno, es una hora de oración».

Esta frase cambia las reglas del juego. Ya no estudio solo para aprobar o para ser un abogado de prestigio en el futuro; estudio porque ese esfuerzo es mi ofrenda actual. Además de Camino, San Josemaría nos dejó legados como:

  • Surco y Forja: Obras que profundizan en las virtudes humanas y el proceso de santificación.
  • Es Cristo que pasa: Una colección de homilías que nos ayudan a ver la presencia de Jesús en las litúrgias.
  • Amigos de Dios: Donde desgrana las virtudes que un cristiano debe cultivar en medio del mundo.

La santificación del estudio: Una perspectiva jurídica y espiritual

Como estudiante de Derecho, me fascina cómo San Josemaría entendía la justicia y el orden social. No veía el trabajo como un castigo, sino como una participación en el poder creador de Dios.

Por medio de esta visión, el Derecho deja de ser un conjunto de códigos fríos. Se convierte en una herramienta para servir a los demás y defender la dignidad humana. San Josemaría nos enseñó que la profesionalidad es el «anzuelo» del apóstol: si no eres un buen estudiante o un buen abogado, o al menos no te esfuerzas en serlo, tu palabra sobre Dios perderá fuerza. La santidad en el mundo exige intentar ser los mejores en nuestro campo, no por vanidad, sino por coherencia.

(Como menciono en mi reflexión sobre la libertad interior, la verdadera autonomía nace de cumplir nuestro deber con amor).


Dos Reflexiones para el alma del estudiante

1. El peligro de la la soberbia intelectual

San Josemaría advertía contra la soberbia de quienes creen que por saber más son mejores. El estudio debe hacernos más humildes, más conscientes de nuestra limitación. Si tus libros te separan de los problemas de la gente sencilla, no estás estudiando como un santo, sino como un pagano. La ciencia debe ser para servir, no para brillar.

2. El «heroísmo» de lo pequeño

A veces buscamos grandes gestos de fe y descuidamos el detalle de corregir un error en un escrito, de llegar puntual a una clase o de mantener el orden en nuestra mesa de despacho. San Josemaría decía que «la santidad no consiste en hacer cosas cada día más difíciles, sino en hacerlas cada vez con más amor». Ese es el heroísmo que se nos pide en la biblioteca: el de no distraerse con el móvil y terminar el tema que toca hoy.


La presencia de Dios en la calle

No podemos entender a este santo sin su amor a la libertad y a la responsabilidad personal. Él nos enseñó que el cristiano es un ciudadano más, con los mismos derechos y deberes que sus iguales, pero con la misión de «divinizar» las estructuras humanas desde dentro. Para San Josemaría, la universidad —esta en la que ahora paso mis horas— es un lugar sagrado.

(Puedes profundizar en su biografía oficial en la web del Opus Dei o consultar sus escritos completos en la Biblioteca Virtual Josemaría Escrivá).


Oraciones finales

Oración por la intercesión de San Josemaría: «Oh Dios, que por mediación de la Santísima Virgen concediste a San Josemaría, sacerdote, gracias innumerables, eligiéndolo como instrumento fidelísimo para fundar el Opus Dei… concédeme que yo sepa también convertir todos los momentos y circunstancias de mi vida en ocasión de amarte y de servir con alegría y con sencillez a la Iglesia».

Oración para antes del estudio: «Señor, te ofrezco este tiempo de libros. Que mi inteligencia se abra a la verdad, que mi voluntad se fortalezca en la constancia y que, al terminar esta jornada, pueda decir que he trabajado para Tu gloria y el bien de mis hermanos. San Josemaría, ruega por nosotros».

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