
¿Qué sucede cuando queda un vacío en el corazón de un proyecto? La historia de San Matías Apóstol, que celebramos cada 14 de mayo, es la respuesta de Dios a esa pregunta. Matías es conocido como el «apóstol número trece» o, mejor dicho, aquel que fue llamado para ocupar el lugar número doce tras la triste partida de Judas Iscariote.
Su vida nos deja una lección poderosa sobre la fidelidad silenciosa y las segundas oportunidades.
Un proceso de selección basado en la fe
Tras la Ascensión de Jesús, la Iglesia naciente se encontraba en un momento crítico. San Pedro, asumiendo su liderazgo, comprendió que el colegio apostólico debía estar completo para recibir al Espíritu Santo en Pentecostés. Pero no buscaron a alguien con un currículum brillante, sino a alguien que hubiera sido testigo.
El requisito era claro: debía ser alguien que hubiera acompañado a Jesús desde su Bautismo en el Jordán hasta el día en que subió al cielo. Había dos candidatos: José Barsabás y Matías.
¿Cómo decidieron? No hubo debates ni campañas. Los apóstoles oraron y echaron suertes, confiando en que Dios manifestaría Su voluntad. Y la suerte cayó sobre Matías.
La elección de Matías aparece detallada en el libro de los Hechos de los Apóstoles 1, 15-26.
El valor de estar presente
Lo más hermoso de San Matías es su anonimato previo. Durante tres años, siguió a Jesús por los caminos de Galilea sin ser uno de los «protagonistas». Estaba allí, escuchando, aprendiendo y sirviendo en la sombra.
Esta humildad nos recuerda a la de San Francisco de Asís, quien también encontró en la pequeñez el camino más corto hacia Dios
Esto nos invita a una reflexión profunda sobre nuestra propia vida: Dios no llama solo a los que están en primera fila.Muchas veces, Él se fija en la fidelidad de quien cumple con su deber día tras día sin esperar aplausos. Matías estaba preparado para ser apóstol porque ya vivía como tal, aunque nadie lo llamara por ese nombre.
Misión y Martirio
La tradición nos dice que, tras recibir el Espíritu Santo, Matías partió a evangelizar tierras lejanas, llegando probablemente hasta Etiopía. Su mensaje fue siempre el mismo: «Cristo ha resucitado, yo lo he visto». Finalmente, entregó su vida por la fe, siendo un ejemplo de valentía hasta el último aliento.
Matías no forzó su destino, se abandonó a la voluntad divina, viviendo esa libertad interior de la que nos habla Jacques Philippe.
Hoy, San Matías es el patrono de los arquitectos, carpinteros y de aquellos que luchan contra el alcoholismo, recordándoles que siempre es posible empezar de nuevo y reconstruir lo que parecía perdido.
Oración a San Matías Apóstol
«Señor Dios, que elegiste a San Matías para completar el grupo de los doce Apóstoles, concédenos por su intercesión que, sintiendo siempre tu amor y tu llamada, podamos ser testigos valientes de la Resurrección de tu Hijo en medio de nuestro mundo. Amén.»